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| Sobre el nuevo candor del Aborto (Prof. R. Stith) |
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Written by Richard Stith miércoles, 30 junio 2004 |
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Allá por el año 1973, en el caso Roe v. Wade, el Tribunal Supremo de Estados Unidos resolvió que los estados no pueden probibir el aborto basándose en una «teoría» de que la vida comienza en algún momento antes del nacimiento. De modo expreso, el tribunal evitó abordar el tema ...
Allá por el año 1973, en el caso Roe v. Wade, el Tribunal Supremo de Estados Unidos resolvió que los estados no pueden probibir el aborto basándose en una «teoría» de que la vida comienza en algún momento antes del nacimiento. De modo expreso, el tribunal evitó abordar el tema de si los estados pueden prohibir matar a un feto durante el nacimiento. Algunos médicos han ido más lejos que Roe, matando durante el parto provocado: casi extrayendo el feto, con los pies por delante, dichos médicos destrozan su cerebro. Sensibles a la reacción pública generalizada, los órganos legislativos estatales y federales han votado por grandes mayorías prohibir tales abortos «de nacimiento parcial». Recientemente, han comenzado a producirse fallos de tribunales de apelación. Por ejemplo, Nebraska aprobó una ley que prohibe «un procedimiento abortivo en el que la persona que practica el aborto ayuda a dar a luz parcialmente, por vía vaginal, un niño nonato vivo, antes de matar a éste y concluir el parto». En el otoño de 1999, esta legislación -y legislaciones similares de otros estados- fue revocada por el juez Richard Arnold (de quien se habló en otro tiempo como probable candidato de Clinton al Tribunal Supremo), decretando para el Tribunal de Apelación del Octavo Distrito de Estados Unidos. Poco después de ello, sin embargo, leyes prácticamente idénticas fueron ratificadas por el Séptimo Distrito, pese a un vehemente disenso del juez Richard Posner (el defensor de 'el derecho y la economía'). A consecuencia de este conflicto entre distritos jurisdiccionales, el tema de la constitucionalidad de las prohibiciones habrá de ser resuelto por el Tribunal Supremo. Pero, mientras tanto, el notable candor de las opiniones de Arnold y Posner merece un mínimo de atención. Arnold no sostiene que las vidas protegidas por dichas leyes equivalgan tan sólo a una «teoría», como había afirmado Roe al revocar las anteriores leyes contra el aborto. De hecho, Arnold difiere de Roe señalando que, incluso a mitad de embarazo, el aborto arrebata una vida, y con frecuencia otro tanto hace durante el parto parcial. La prohibición de matar a un «niño nonato vivo» durante «el parto» debe precisamente revocarse porque -asegura Arnold- eso es lo que en realidad sucede con los abortos normales del segundo trimestre. El juez Arnold se muestra muy gráfico acerca de los abortos que defiende:
Según Arnold, estos abortos ordinarios deben considerarse abortos «de nacimiento parcial» siempre que el feto muera después de que el médico «alumbre» una parte, como un brazo o una pierna. Pero ¿cómo puede saber el juez que el feto desmembrado se halla «con frecuencia todavía vivo»? Porque -según testimonios del tribunal de la vista mencionada por Arnold- el médico abortista puede ver en su monitor ecográfico que el corazón del niño aún late. El juez Richard Posner subraya, igualmente, el gran parecido entre el aborto de nacimiento parcial y el otro aborto, aunque se centre no en la identidad de la técnica sino de los resultados:
En su conclusión, Posner regresa a lo que denomina la cualidad «horrenda» de todos estos abortos:
¿Cuál será el efecto político de este nuevo candor? Durante muchos años, el Tribunal Supremo de Estados Unidos impidió el debate serio sobre el aborto al utilizar su enorme prestigio para fomentar la duda en torno a lo que realmente hace el aborto. Acaso, de modo sorprendente, quienes se oponen al aborto de nacimiento parcial puedan utilizar dicha duda en su provecho legislativo. Posner señala con agudeza que
Al remediar con su candor dicha ignorancia pública, Arnold y Posner pueden hacer que el aborto de nacimiento parcial resulte tan admisible como el aborto ordinario. Naturalmente, puede imponerse una lógica contraria: un público recién informado podría inclinarse en el otro sentido, decidiendo que el aborto ordinario de mitad de embarazo resulta tan inadmisible como el aborto de nacimiento parcial.
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Copyright c-1999 by Richard Stith.
Notas
2. Ibid. 117-18, nota 1.
(Publicado en CB Nº 41,º 1º 2000)
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