| VIH/SIDA: hacia una prevención eficaz (Cátedra ética diócesis de Holguin-Cuba) |
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Jueves, 01 de Julio de 2004
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"El VIH/SIDA, Propuestas y Desafíos desde una Perspectiva Ética Cristiana"
27 al 28 de abril del 2002
Cátedra de Ética del Centro de Formación y Promoción del Laico "Beato A. Janssen", Diócesis de Holguín
Casi veinte años del descubrimiento del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), agente causal del Síndrome de Inmunodeficiencia ...
"El VIH/SIDA, Propuestas y Desafíos desde una Perspectiva Ética Cristiana" 27 al 28 de abril del 2002 Cátedra de Ética del Centro de Formación y Promoción del Laico "Beato A. Janssen", Diócesis de Holguín
Casi veinte años del descubrimiento del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), agente causal del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) y a pesar del como nunca antes en la historia de la medicina, rápido proceso de descripción de los primeros casos, aislamiento del agente causal así como de los innegables progresos en el ámbito terapéutico que hacen que en el norte del mundo el VIH sea tratado cada vez más como una enfermedad crónica que si bien aun no es curable, si puede ser hasta cierto punto controlable, la prevención continua siendo la piedra angular para su control. Desde los mismos inicios de la expansión mundial de esta enfermedad, resultó evidente que la educación y la información son, si bien no las únicas, las principales estrategias de prevención con que se dispone. Las estadísticas confirman que la abrumadora mayoría de los casos de transmisión del VIH implican actitudes que están íntimamente relacionadas con el comportamiento y las relaciones humanas: cambios frecuentes de pareja sexual, infidelidad, prostitución, drogadicción entre otras. Es por ello que, el objetivo primario de todo programa de prevención para que sea realmente eficaz, debe ser el de modificar esas actitudes que hacen al individuo susceptible de contraer el virus. Por otro lado la experiencia de los últimos años ha demostrado que la información por si sola no es eficaz para motivar o sostener a lo largo del tiempo la modificación del comportamiento. Este tipo de prevención toma más importancia, si tenemos en cuenta que a pesar de que se descubriese en un plazo breve, una inmunización eficaz para evitar la enfermedad, millones de personas en todo el mundo no podrían acceder a ella, pues carecerían de los más elementales recursos económicos para su adquisición. La patente de tal vacuna, como es fácil suponer, será rigurosamente custodiada por alguna de las poderosas compañías y laboratorios farmacéuticos que han invertido cuantiosas sumas en su desarrollo. Y aun cuando se les ofreciera gratuitamente a los países pobres, cosa que resulta sumamente improbable luego de la aun reciente querella judicial de varias de estas transnacionales contra algunos gobiernos que decidieron fabricar y distribuir medicamentos genéricos baratos para sus enfermos de SIDA, evadiendo el pago de las excesivas patentes. Los precarios o casi inexistentes sistemas sanitarios de numerosos países de África subsahariana, Asia o Latinoamérica, carecerían del personal y la organización mínima imprescindible para detectar e inmunizar a toda la población en riesgo. De más está señalar pues, la apremiante necesidad de diseñar e implementar estrategias de prevención eficaces y coherentes, que logren detener e incluso hacer retroceder el vertiginoso ritmo de propagación de la pandemia por VIH/SIDA.
PREVENCIÓN EN SALUD; MARCO CONCEPTUAL Por prevención, entendemos el conjunto de acciones encaminadas a evitar la aparición o el progreso de un daño a la salud. En los últimos tiempos dentro del concepto prevención, se visto la necesidad de establecer una distinción en cuatro niveles: Prevención primordial: Este es el nivel más recientemente reconocido, su objetivo es evitar el surgimiento o la consolidación de patrones económicos, sociales y culturales relacionados con el incremento del riesgo de aparición de una enfermedad. Implica la formación y educación de los individuos, incluso desde las primeras etapas de la vida para que estos adopten hábitos, conductas, estilos de vida y de consumo saludables, para lo cual es preciso la intervención coordinada de todos los sectores de la sociedad (educativo, sanitario, económico, legislativo, cultural, informativo, etc.) En el caso de la prevención del VIH/SIDA en este nivel, a grandes rasgos se incluyen las acciones dirigidas a toda la población que:
Prevención primaria: En este nivel el objetivo es eliminar o evitar la aparición de la enfermedad mediante el control de los factores causales o de riesgo. Implica dos estrategias complementarias: la dirigida a la reducción del riesgo medio de aparición de la enfermedad en grandes grupos con grados variables de exposición al riesgo y la, enfocada más bien hacia individuos cuyo riesgo es sensiblemente superior por pertenecer a grupos con conductas de riesgo. Este nivel de prevención en lo que respecta al VIH/SIDA está dirigido a: Estrategia poblacional
Estrategia de grupos de riesgo
Prevención secundaria: Mediante el diagnóstico y el tratamiento precoz, persigue detener o retardar el progreso de la enfermedad en el individuo, así como evitar su contagio en el caso de las patologías infecciosas. Este nivel de prevención es sumamente importante en el VIH/SIDA y el resto de las ITS, pues consigue interrumpir la cadena de transmisión e iniciar precozmente los cuidados de la persona afectada. Prevención terciaria: Tiene como propósito retrasar el progreso o la aparición de las complicaciones de una enfermedad ya establecida, en su etapa clínica, así como minimizar los sufrimientos y favorecer la adaptación de los pacientes y sus allegados a enfermedades incurables o de curso crónico, mejorando en lo posible su calidad de vida. Usualmente cuando se habla e incluso cuando se hace prevención, no se distinguen debidamente sus niveles e incluso con frecuencia se ignora la existencia o importancia de los dos últimos, lo cual va en detrimento de los resultados finales. PREMISAS BÁSICAS PARA EL DISEÑO Y EJECUCIÓN DE LAS ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN A continuación describiremos algunas de las que a nuestro juicio, constituyen las premisas básicas para el desarrollo de las estrategias de prevención:
Este es un elemento fundamental a tener en cuenta, quizás el más importante. Ningún ser humano, independientemente de sus antecedentes, condición social, orientación sexual, o su estado de salud, podrá ser violentado en su dignidad y por ende discriminado, humillado, o privado arbitrariamente de sus derechos. No es justificable ni moralmente aceptable que persiguiendo un fin bueno, como lo sería el control o eliminación de una enfermedad, se adoptasen acciones vejatorias contra un individuo o un grupo de individuos. "la experiencia dolorosa de la humanidad demuestra que cada vez que la igual dignidad de todos y de cada uno ha sido negada, toda la humanidad ha sido invadida por la angustia y el dolor" Las estrategias de prevención deberán además estar diseñadas de tal forma que estimulen a las personas a sumarse como protagonistas, es decir, como sujetos activos y responsables, nunca como "objetos" o destinatarios "pasivos" de nuestras acciones.
Resulta vital para la prevención del VIH/SIDA y el resto de las ITS, la educación ética de las personas. educación ética significa formar a partir de los valores, donde no hay valores no hay verdadera educación, puede haber instrucción, entrenamiento, pero nunca educación. Es preciso tener presente que la adquisición de los valores no procede de su conocimiento racional o su memorización, sino que estos se transmiten y son asumidos por los individuos en procesos vivenciales, por decirlo de otra forma, los valores "se contagian" si son vividos y testimoniados. Educar en los valores no significa pues, enseñar un conjunto de fríos contenidos, no se trata tampoco de dar grandes listados de "valores" y sus principios teóricos, error en el que no pocas veces incurrimos. La "educación los valores consiste en ir despertando y alimentando la sensibilidad, el sentido ético, esto es, la capacidad de la persona para captar y hacer suyos los valores, educándola para el discernimiento, ante las disímiles circunstancias y situaciones que deberá encarar a lo largo de su vida". De más está decir pues, la crucial importancia que juega la familia, pues es en este ámbito donde se vivencian de forma privilegiada los valores. No obstante la escuela, y el resto de las instancias de la sociedad, donde se incluye a la Iglesia, deberán en lo posible asumir funciones educativas y no solo informativas de manera que sean también lugares de educación en los valores. Esto exige una profunda sinergia entre la familia y el resto de dichas instancias para formar una verdadera comunidad educativa. Valores básicos que se deberán promover en los programas de prevención:Cuando alguno de los anteriores siete criterios o premisas básicas de la prevención, no son tomados en su justa medida, o no se llevan a la práctica de forma coherente, los programas de prevención incurren en costosos errores que en último término disminuyen su eficacia.
PRINCIPALES DIFICULTADES DE LOS PROGRAMAS DE PREVENCIÓN
Ocurre cuando la prevención no tiene en cuenta los aspectos culturales, sociales, familiares, económicos, y espirituales entre muchos otros, que pueden estar en la génesis de la propagación de la enfermedad, centrándose únicamente en el campo estrictamente sanitario. Un claro ejemplo de este enfoque parcial lo constituye la prevención basada en un único elemento como lo es la promoción del uso del condón, dejando de lado importantes acciones para eliminar las prácticas y conductas sexuales de riesgo. Quienes defienden esta postura alegan que si bien es cierto, tal y como lo postulan autorizadas voces en todo el mundo, que solo el cambio de actitudes y conductas es sostenible y verdaderamente eficaz para prevenir el VIH/SIDA y otras ITS, esto solo se puede lograr a largo plazo y que es preciso pues, proteger y evitar el contagio de ese joven o de aquella adolescente que mañana, pasado mañana o la próxima semana, o sea, a muy corto plazo estarán en una situación de riesgo y podrán quedar contagiados. Lo que de aquí se desprende es que si todo el tiempo permanecemos implementando soluciones a corto plazo para "paliar" la situación, y no comenzamos de una vez a implementar acciones que aun a largo plazo modifiquen las actitudes y ataquen las verdaderas raíces del mal, ¡siempre estaremos trabajando a corto plazo! Y nunca lograremos la necesaria efectividad. A juicio de numerosos entendidos, el fracaso de los enfoques de este tipo es notorio. Baste considerar que el número de casos de personas infectadas en varias provincias de nuestro país durante los últimos años se ha incrementado de forma alarmante a expensas de personas que se han autoinoculado el VIH por medio de inyecciones o manteniendo conscientemente relaciones sexuales con personas infectadas. Ante esta dolorosa situación debemos cuestionarnos seriamente si nuestras campañas de prevención han tenido suficientemente en cuenta otros elementos de fondo que propician este fenómeno.
Violación de la confidencialidad de los individuos, a su intimidad o autonomía, así como irrespeto a derechos básicos como el trabajo, la educación, la recreación etc. Las experiencias de varias regiones del mundo donde se han implantado estrategias de prevención, con algunas de estas dos últimas dificultades, han demostrado una dudosa eficacia, pues tienen una serie de inconvenientes entre los que se cuentan el que:
A MODO DE CONCLUSIÓN No quisiera terminar, sin hacer antes referencia a la necesidad de implementar como parte central de las estrategias de prevención, una educación para el amor y la sexualidad desde los valores. La educación sexual, en efecto, al tener como meta la madurez de la personalidad, no puede ser concebida simplemente como una iniciación a la higiene y los aspectos fisiológicos de la sexualidad. Uno de los elementos esenciales que deben tener en cuenta las estrategias de prevención es propiciar una educación sexual con un enfoque personalista que facilite a los individuos de nuestro tiempo, descubrir y asumir los profundos significados antropológicos de su sexualidad y de esta forma les permita integrar de manera armónica la sexualidad en su horizonte de sentido existencial. Nunca una educación de la sexualidad estará completa, ni será del todo proveedora de significados válidos, ni por lo tanto eficaz para transformar o sostener a lo largo del tiempo el cambio del comportamiento sexual, si no se acompaña de una educación para el amor que tenga como marco referencial los valores humanos. Esto es lo que se ha denominado "Educación afectivo - sexual en los valores". De esta forma, mediante un proceso en el que el individuo va asumiendo valores básicos como el compromiso, la voluntad, la apertura y la entrega a otro, la autoestima, el pudor, la fidelidad, el respeto, y la libertad como realización de la verdad en la responsabilidad, entre tantos otros, la persona hallará profundas motivaciones que le impulsen a asumir de forma consciente los profundos significados de su sexualidad encontrando su verdadero sentido, lo cual contribuirá a su realización y plenificación humana. De seguro una sexualidad integrada de esta manera, no dejará margen alguno para la entrada del VIH.
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