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Ante la licencia legal para clonar seres humanos y la negación de protección a la vida humana incipiente (20/02/2006) PDF Print E-mail English
Written by Conferencia Episcopal Española
domingo, 12 febrero 2006
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El Congreso de los Diputados votará próximamente la llamada Ley de técnicas de reproducción humana asistida, que suscita una honda preocupación. El Evangelio es una fuerza divina a favor de la vida humana; muy en particular, de la vida de los débiles y de aquellos que no pueden defender por ... El Congreso de los Diputados votará próximamente la llamada Ley de técnicas de reproducción humana asistida, que suscita una honda preocupación.

El Evangelio es una fuerza divina a favor de la vida humana; muy en particular, de la vida de los débiles y de aquellos que no pueden defender por sí mismos su derecho fundamental a vivir. El Evangelio de la vida, que proclama que todo ser humano, con independencia de su edad, de su salud o de cualquier otra circunstancia temporal, está dotado de una dignidad inviolable, nos obliga a llamar la atención sobre una Ley que niega la protección jurídica que un ordenamiento justo ha de dar a la vida humana incipiente.

Las técnicas que suplantan la relación personal de los padres en la procreación no son conformes con la dignidad de la persona y arrastran consigo serios males para las personas, incluídos graves atentados contra las vidas humanas incipientes, es decir, contra los hijos. Lo explicaba sucintamente el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal en su Nota del 25 de mayo de 2004, titulada Por una ciencia al servicio de la vida humana, en la que se expresaba también la postura de la Iglesia en favor de la ciencia que sirve realmente para curar sin dañar ni destruir la vida de ningún ser humano.

Enumeramos algunos de los aspectos más problemáticos de la Ley en cuestión.

1. Si no es modificada todavía en las Cortes, esta Ley pasará a la historia como una de las primeras del mundo que da licencia para clonar seres humanos, autorizando la llamada “clonación terapéutica”. Los adjetivos benévolos no deben inducir a engaño. Se trata de producir seres humanos clónicos a los que, además, no se les dejará nacer, sino que se les quitará la vida utilizándolos como material de ensayo científico a la búsqueda de posibles terapias futuras. La Ley permite estas gravísimas injusticias y, además, quiéralo o no, abre también la puerta a la futura producción de niños clónicos, es decir, a la llamada “clonación reproductiva”.

2. Se permite producir embriones humanos no ya para la reproducción, sino como mero material de investigación. Y se posibilita la comercialización, tráfico y uso industrial de los embriones humanos llamados “sobrantes” de las prácticas de reproducción, ya que no se establece restricción alguna para investigar con ellos, ni se pone límite alguno eficaz a la cantidad que de tales embriones se pueda generar.

3. Se posibilita asimismo la selección eugenésica en nuevos campos, como el de la producción de los llamados “bebés-medicamento”, es decir, niños que nacerán con determinados fines terapéuticos, después de que otros hermanos suyos, inapropiados para esos fines, hayan sido seleccionados para la muerte en los primeros días de su existencia.

4. La Ley en trámite de aprobación legaliza igualmente la fecundación de ovocitos animales con esperma humano, una práctica de consecuencias imprevisibles reprobada en diversos convenios internacionales.

Los intereses económicos y políticos en juego no están permitiendo un debate sereno de asuntos de tanta trascendencia como éstos. Somos conscientes de que nuestra firme denuncia de esta Ley y de las prácticas a las que se refiere, puede ser presentada falsamente como un prejuicio religioso de un grupo social contrario al avance de la ciencia. Estamos, sin embargo, seguros de que alzando nuestra voz contra la legalización de tan graves atentados contra el ser humano, cumplimos con el deber que tenemos de anunciar el Evangelio de la vida y prestamos un verdadero servicio a nuestra sociedad. Animamos a los católicos a prestar este mismo servicio en los ámbitos de sus respectivas responsabilidades, ya sean éstas políticas, científicas, educativas o de ciudadanos responsables. No será posible a los diputados católicos apoyar esta ley con su voto. Tenemos que decir “no”, porque no podemos omitir el “sí” consecuente a la dignidad humana y a la justicia.
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fjramiro - ¿es científico lo que dicen lo Registered | 14-03-2006 11:47:45
Justo Aznar ha escrito: El pasado jueves día 16 de febrero el Congreso de los Diputados dio el visto bueno al proyecto de ley presentado por la Comisión de Sanidad y Consumo, sobre «Técnicas de Reproducción Humana Asistida» . Dicho proyecto de Ley suscita importantes problemas éticos, por lo que el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, se ha creído en la obligación de difundir una Nota «ante la licencia legal para clonar seres humanos y la negación de protección a la vida humana incipiente» . En la propia Nota del Comité Ejecutivo Episcopal se apostilla que los obispos somos «conscientes de que nuestra firme denuncia de esta Ley y de las prácticas a las que se refiere, puede ser presentada falsamente como un prejuicio religioso de un grupo social contrario al avance de la ciencia». Por ello, parece de interés reflexionar sobre la misma analizándola en profundidad.

En primer lugar, merece destacar que, aunque la opinión de los obispos españoles se circunscribe, por su propia naturaleza, al área moral, su magisterio está basado en consideraciones científicas debidamente razonadas. Para analizar esto me referiré a los cuatro puntos en los que en la Nota se evalúan aspectos técnicos de la ley.

En efecto, en el primer punto se denuncia que la ley va a permitir la «clonación terapéutica». Ciertamente hay que admitir que en la nueva ley sobre «Técnicas de reproducción humana asistida», no se hace ninguna referencia concreta a que se vaya a permitir la denominada «clonación terapéutica». Sin embargo, en el punto 3 de su artículo 1, se dice que «se prohibe la clonación de seres humanos con fines reproductivos». Es decir, parece que al referirse tan explícitamente a la clonación reproductiva no se condena cualquier otro tipo de clonación humana, lo que indirectamente puede inducir a pensar que se permite la clonación terapéutica. Seguramente esta ambigüedad en el texto legal es lo que ha inducido a los obispos a comentar en su Nota que la nueva ley va a permitir la clonación de seres humanos.

Sin embargo, me permito hacer dos consideraciones adicionales: la primera es que, hasta el momento actual, no se ha podido demostrar que los productos biológicos obtenidos por transferencia nuclear somática, la denominada «clonación terapéutica», hayan sido realmente embriones humanos, pues las experiencias del grupo coreano que públicamente manifestó que lo había conseguido, han sido desautorizadas por fraudulentas y las del equipo de Newcastle, el primero en Europa en anunciar que había clonado un embrión humano, no pudieron realmente confirmarse, pues los «embriones» conseguidos no vivieron más haya de 4 ó 6 días. La segunda, es que con este tipo de experiencias, hasta el momento actual, no se ha curado a nadie, por lo que no se le debe denominar «clonación terapéutica». En efecto, las células madre obtenidas a partir de estos «embriones» clonados no pueden ser aplicadas a seres humanos con fines terapéuticos, por muchas razones biológicas, de entre las cuales no es la menos importante que pueden generar tumores si esas células madre se transfunden a un paciente. Por ello, estimo que los obispos alertan, con toda razón, sobre unos hechos experimentales que presentan, además de la ineludible valoración ética negativa que merecen, pues indudablemente vana servir para destruir vidas humanas inocentes, importantes lagunas científicas.

Con relación al segundo punto comentado por los obispos, en el que se afirma que esta ley va a favorecer la creación de embriones humanos «sobrantes» de las prácticas de reproducciones asistida, que van a ser destinados a experimentaciones biomédicas, nada parece más cierto, ya que la ley 45/2003 de 21 de noviembre tenía como objetivo fundamental no permitir que se generaran más embriones de los que se fueran a implantar. Así se trataba de evitar que se produjeran embriones excedentes que hubiera que congelar, por lo que se resolvería de raíz el problema de los bancos de embriones congelados, de los que en España no hay menos de 200.000. Pues bien, la ley actual permite generar el número de embriones que el clínico que dirige el proceso estime conveniente, para una mayor eficiencia técnica. Como por otro lado, no se permite implantar más de tres, para evitar los embarazos múltiples, que como se sabe son peligrosos para madre e hijos, indudablemente se va a favorecer el que sobren embriones que deberán ser congelados. Es decir, no solamente no se va a resolver el acuciante problema de los bancos de embriones congelados, sino que se va a dar cobertura legal a su creación.

Con relación al tercer punto, en el que la Nota episcopal se refiere al diagnóstico genético preimplantacional, indudablemente no es posible abordar aquí un tema tan amplio como éste, sólo me referiré a dos aspectos concretos. Primero, con el diagnóstico genético preimplantacional se pretenden dos objetivos, evitar que nazcan niños con determinados tipos de enfermedades hereditarias y crear niños-medicamento. En relación con el primer objetivo, y ante el problema de una pareja en la que alguno de sus miembros padece o es portador de una alteración genética de carácter hereditario y que quiera tener hijos, se puede, por fecundación in vitro, generar un número elevado de embriones, generalmente más de cinco. Después por un procedimiento técnico de biología molecular, se averigua si alguno o algunos de esos embriones esta libre de la enfermedad o del factor genético de riesgo correspondiente, y solamente a éste, o a uno de estos si son varios, se le permite vivir, el resto se congela o se destruye.

Evidentemente es ésta una clara técnica eugenésica pues selecciona a los embriones humanos por sus condiciones de salud. Conviene además añadir que con esta técnica no se cura a nadie, como equivocadamente se ha puesto de manifiesto en algunos medios de comunicación, pues lo que únicamente se hace es permitir nacer a los niños sanos, terminando con la vida de los enfermos. Por tanto, no parece ilógico que los obispos alerten sobre la connotación ética negativa que esta práctica merece.

El segundo tema al que me quería referir es a los niños medicamento. Con esta técnica lo que se persigue es generar, por fecundación in vitro, un numero no determinado de embriones, para seleccionar alguno de ellos, que no padezca la enfermedad hereditaria que sufren sus padres y, que ya ha heredado un hermano nacido. Así de este embrión generado, cuando nazca el niño, se podrá obtener el material biológico necesario para tratar al hermano enfermo. Aunque la finalidad de esta práctica puede aparentar un cierto humanitarismo, no hay que olvidar que aquí también se desechan, destruyéndolos o congelándolos, no solo los embriones que han heredado la enfermedad, sino también los embriones sanos que no sean inmunológicamente compatibles con su hermano enfermo. Es decir, no solamente se van a destruir seres humanos portadores de un gen patológico, sino también niños sanos por el simple motivo de no ser inmunológicamente compatibles con su hermano enfermo, algo que desde un punto de vista ético parece difícilmente justificable.

Finalmente los obispos alertan sobre las imprevisibles consecuencias que puede acarrear la creación de híbridos creados a partir de fusionar gametos humanos y animales. En relación con ello, y aunque este proyecto de ley establece que no se permitirá el desarrollo de estos seres más haya de la primera división celular, lo cierto es que se abre la puerta a la creación de híbridos de hombre y animal, algo que puede ser calificados como una de las técnicas más aberrantes que la ciencia médica puede plantear.

Para concluir, me gustaría añadir que si, como en la Nota se indica, «no es posible a los diputados católicos apoyar esta ley con su voto», ello sin duda es debido a que ningún católico, y yo diría que ningún hombre sensato, y por ende también ningún político que se defina como tal, puede dar su aprobación a una ley que va abrir la puerta a experiencias con embriones dirigidas directamente a utilizarlos como material de investigación, algo absolutamente incompatible con la dignidad que cualquier ser humano intrínsecamente posee, aunque sea en su fase embrionaria más incipiente.
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