Una gran brecha ‘cerebral’ separa a los seres humanos de los chimpancés

Un trabajo concluye que las adaptaciones animales tienen como único fin la comida, mientras que el conocimiento humano evoluciónó hacia múltiples metas.

 

ROSA M. TRISTAN

MADRID.- Humanos y otros animales comparten semejanzas en su comportamiento, pero las diferencias son mucho mayores que esos rasgos en común por más que las investigaciones se hayan esforzado, estos últimos años, en buscar paralelismos. El investigador David Premack, de la Universidad de Pennsylvania (EEUU) se ha dedicado a escarbar en esos rasgos únicos de nuestra especie que subyacen, a nivel microscópico, en nuestro cerebro. Y ha encontrado una gran brecha entre capacidades como el aprendizaje, el engaño, la memoria o el lenguaje, incluso con nuestros parientes más cercanos, los chimpancés.

En su análisis, publicado en la revista Proceedings of National Academy of Science (PNAS), Premack concluye que «los comportamientos animales son adaptaciones centradas en la búsqueda de alimento, mientras que los humanos tienen otras muchas metas» y que no se trata sólo de que hubo un mayor desarrollo continuo de nuestro cerebro, sino que son diferencias celulares que hay que investigar». Se refiere al hecho de que las neuronas están organizadas de otra forma y, además algunas son muy distintas. Es algo que nos proporcionó ventajas, como el lenguaje, e inconvenientes, como la esquizofrenia o el alzheimer.

Premack utiliza en su estudio 10 características del conocimiento. La primera, la educación: los animales son capaces de enseñar a sus crías cómo evitar algo venenoso o cómo cazar, lo que es una adaptación para comer y acechar a otros. Sin embargo, en los humanos las metas son muy diversas y, además, para educar hay que observar, emitir un juicio y modificar la conducta del otro. De hecho, menciona que una de las motivaciones es puramente estética (cuidar el aspecto externo, los modales en la mesa, etcétera).

Respecto a la memoria a corto plazo, chimpancés y humanos tienen la misma capacidad: no recuerdan más de cinco a siete asuntos, pero en el chimpancé se trata de cinco palabras y en el humano pueden ser cinco historias. Y además puede escribirlas.

No menos importante es el razonamiento causal: podemos asociar ideas y por ello los niños perciben que un acontecimiento está causado por otro anterior, aunque no estén cerca (Ej: enciendo un interruptor y se enciende la luz), sin embargo un animal entiende la acción física (si presiono un botón, me dan comida), pero no la razón por la que se congela el agua o el viento arranca un árbol.

Diferente es también la forma de planificar el futuro: en otros animales consiste en guardar comida, aunque son incapaces de planificar conjuntamente la vida de otros o hacerlo a largo plazo. Del mismo modo, aunque algunos engañan, lo hacen con un objetivo concreto (defensa, por ejemplo), pero no metas tan variopintas como nosotros: estafar, tener amantes o conseguir el poder.

Premack también se fija en la empatía que siente un niño de 18 meses por quienes le rodean, que no existe en otras especies. Y en qué puede opinar de alguien, mientras que otro primate no podrá nunca atribuir un estado mental a un tercero. Si a ello se suma que para los chimpancés el lenguaje es limitado (es el de un niño de tres años) y que no tienen control de su voz, se entiende, según Premack, por qué las diferencias entre humanos y animales son más que una cuestión de tiempo y que los límites de los segundos, a nivel de conocimiento, son tan grandes.

Publicado en El Mundo, 21.08.2007 

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