¿Formación médica o ataque a la intimidad? Algunas mujeres se quejan de la presencia de estudiantes en prácticas en las consultas del ginecólogo (25-may-03)

2k
VIEWS

¿Formación médica o ataque a la intimidad? Algunas mujeres se quejan de la presencia de estudiantes en prácticas en las consultas del ginecólogo SOLEDAD ALCAIDE La presencia de estudiantes de Medicina y residentes en las consultas ginecológicas de los hospitales españoles es habitual. Sin embargo, la práctica general no incluye solicitar a …

¿Formación médica o ataque a la intimidad? Algunas mujeres se quejan de la presencia de estudiantes en prácticas en las consultas del ginecólogo

SOLEDAD ALCAIDE

La presencia de estudiantes de Medicina y residentes en las consultas ginecológicas de los hospitales españoles es habitual. Sin embargo, la práctica general no incluye solicitar a las pacientes su consentimiento. La Asociación El Defensor del Paciente sostiene que es una “vulneración al derecho a la intimidad”.

La última vez que Cande Rodrí­guez fue a hacerse una ecografí­a encontró la consulta más concurrida de lo que esperaba. Su embarazo de seis meses fue seguido por su especialista del hospital Vall d’Hebron, en Barcelona, y por los que ella sospecha que eran médicos en fase de aprendizaje, quienes entraban y salí­an. “Creo que eran residentes, porque el doctor les daba explicaciones y eran más jóvenes, pero en ningún momento me los presentaron, ni nadie me preguntó si querí­a que estuvieran allí­”, cuenta esta mujer de 30 años.

A los estudiantes de Medicina en prácticas y a los residentes -los licenciados que han aprobado el examen MIR- se les forma en Ginecologí­a en las consultas de los hospitales españoles. Y eso hace que lo que le sucedió a Rodrí­guez sea frecuente. Así­ lo confirma Carmen Flores, presidenta de la Asociación El Defensor del Paciente (Adepa), quien considera que se trata de “una violación del derecho a la intimidad”, que protege la Ley General de Sanidad y, por tanto, “intolerable”. Porque la práctica general es que los facultativos no avisen a sus pacientes de que hay médicos en formación y mucho menos pidan su consentimiento.

“Ir al ginecólogo es una cuestión delicada para muchas mujeres. Ya es un trago mostrar tus genitales, porque es algo muy í­ntimo, y además en la postura en la que hay que hacerlo, como para que encima hagan una clase teórica de ello”, explica otra paciente, Irene M., embarazada de 10 semanas. “Creo que deberí­an preguntarlo por sistema”, añade.

Los médicos hacen prevalecer la formación de los estudiantes sobre el pudor que puedan sentir sus pacientes. “Cuando una persona va a un hospital universitario, asume que hay acciones docentes y da su consentimiento tácito a la presencia de estudiantes. Eso incluye tocar y tratar al paciente”, sostiene el catedrático de Ginecologí­a Luis Cavero, quien además es el presidente de la Sociedad Española de Ginecologí­a y Obstetricia.

“Lo que sí­ se hace, por prudencia, es que cuando hay más de un médico delante, incluso aunque sea otro especialista, se le dice a la paciente: ‘Estará en la consulta fulano de tal’. Pero una diatriba generalizada sobre este asunto no existe”, añade.

La presidenta de Adepa concede que apenas hay quejas, aunque lo achaca a que falta información y a que no hay una tradición de cuestionar a los médicos. “Pero yo creo que ni es normal, ni se debe consentir que, por ejemplo, cuando te van a hacer una citologí­a esté delante más de una persona. No hay más que empezar a denunciarlo”, añade.

“La verdad es que yo no me plantee protestar, porque ya estaba bastante nerviosa por la ecografí­a”, asegura Rodrí­guez. “No me parece una cosa como para reclamar, pero lo que me molesta es que no me consulten antes”.

Los médicos sondeados, en cambio, se oponen a que se generalice esa pregunta. “Las personas que van a un hospital universitario tienen el deber de soportar la docencia, porque el paciente también tiene deberes, no sólo derechos”, sostiene Javier Sánchez-Caro, director de la Unidad de Bioética y Orientación Sanitaria de la Consejerí­a de Salud de Madrid. En su opinión, la esfera de la intimidad es “de menor valor que el interés cientí­fico-cultural”. Por eso, está convencido de que no se debe preguntar a los pacientes como regla general, porque entonces “no se podrí­a enseñar”. Recuerda que el sistema actual ha elevado a la medicina española al séptimo lugar del mundo -“de 199 paí­ses”-, y añade: “Es un problema de solidaridad, que hay que ejercer entre todos”. Eso sí­, admite que puede haber excepciones: “Cada una debe ser resuelta siempre por el jefe de servicio”.

En esa misma lí­nea, el portavoz médico del hospital Clí­nico San Carlos de Madrid, Pedro Tarquis, distingue entre estudiantes de Medicina y residentes, porque los últimos son ya médicos. “Los estudiantes, como parte de su formación, hacen prácticas en grupos de entre tres a cinco alumnos. En ese caso, si la persona dice que no quiere que estén, se respeta”. Reconoce, sin embargo, que se espera a que el paciente se queje y que no existe la costumbre de preguntar antes.

La Oficina de Atención al Paciente de su hospital es más restrictiva. A la consulta de si una paciente puede negarse a que haya estudiantes durante una exploración, la persona que atiende el teléfono contestó, tras consultarlo: “Lo siento, pero no puedes negarte. í‰ste es un hospital universitario. Yo te entiendo, pero los médicos tienen que aprender de alguna forma”.

“Es un pez que se muerde la cola”, sostiene el secretario de la Comisión de Docencia del Instituto Universitario Dexeus, el doctor Luciano López-Marí­n. “La presencia en una consulta es básica, porque, si no están, no aprenden”. Como solución, se aferra a la posibilidad de acudir a hospitales que no sean universitarios.

Carmen Flores asegura que esa opción no existe: “Al paciente no se le da a elegir, salvo que sea un hospital privado. Le toca esa área y ya está”. Entre otras cosas, porque, como indica una portavoz del Ministerio de Sanidad, la formación está ahora extendida a casi todos los 798 hospitales que hay en España. Un hecho que corrobora Sánchez-Caro: “Debido al alto grado de estudio, la mayor parte de los centros son universitarios. Es la garantí­a de una mayor calidad”.

“La gente deberí­a aceptar que de alguna forma hay que aprender y que los estudiantes tienen derecho a una formación completa”, sostiene Verónica, una médico de 24 años que acaba de aprobar el MIR y que a primeros de junio se incorpora al hospital materno-infantil Carlos Haya de Málaga. “No se puede exigir luego que haya buenos médicos”. Ella pone un ejemplo: todos los facultativos deberí­an saber hacer un tacto rectal, algo que sólo se puede aprender con la práctica. “No sólo hacer la exploración, sino también valorarla para controlar un posible cáncer de próstata. Tampoco es agradable hacerlo, pero, si el médico no sabe, es una formación deficitaria que influye en su trabajo”, añade.

La solución al dilema no es fácil. “Creo que la formación deberí­a ceñirse a las personas que estén de acuerdo, porque no creo que sea necesario que vean a todos los pacientes”, dice Irene M., quien, como alternativa, propone que se utilicen voluntarios incentivados, como cuando se prueban los efectos de los fármacos.

Flores añade otras dos posibilidades: que se practique con animales o a través de programas informáticos especializados. “En cualquier caso, que se busquen otras fórmulas: cualquiera, antes que el engaño”.

“Me sentí­ un mero objeto de estudio”

Cuando iba a tener a su hijo, Mar (que prefiere no ser identificada) se planteó que no querí­a que hubiera médicos en prácticas durante el parto. Ya habí­a tenido una mala experiencia durante una ecografí­a y no querí­a revivirla.

“Junto a la ecógrafa estaba un chico y yo me sentí­ un mero objeto de estudio, porque ella todo el tiempo le explicaba a él lo que me ocurrí­a, sin dirigirse a mí­, que era la paciente”, explica. Por eso, decidió pedirle expresamente a su ginecóloga del Instituto Universitario Dexeus que no hubiera otros médicos en el quirófano.

“Y la doctora me dijo que no habrí­a ningún problema y, en teorí­a, así­ lo hizo constar en mi historial”. Pero la siguiente ecografí­a, con la misma persona, se convirtió en un problema, porque la doctora insistí­a en tener en la sala a los residentes. “Creo que no tení­a por qué explicarlo, pero lo motivé porque desafortunadamente los médicos no tienen experiencia de que los pacientes se les planten”, cuenta Mar.

En su relato, asegura que tuvo un fuerte enfrentamiento con la doctora, quien le dijo que en esa clí­nica, que es privada, los residentes pagaban mucho dinero por hacer prácticas. Cuando vio que el hospital no iba a responder, decidió privatizar el parto con su doctora. “Pero se me adelantó y ella estaba de vacaciones”, cuenta. Antes de ir a la Dexeus, llamó por teléfono y avisó de que sacaran su historial para hacer valer su petición, pero una vez allí­ descubrió que en él no figuraba.

Para colmo, le tocó la misma doctora de las ecografí­as y, cuando llegó a quirófano, habí­a un médico y una comadrona en prácticas. “Con la epidural y en pleno parto, no tuve valor para plantarme”, recuerda.

Pasados unos dí­as, Mar escribió una carta de queja a la clí­nica. El pasado febrero y, tras ocho meses sin recibir respuesta, su marido pidió una cita para hablar con el director. “Pero le daban largas, hasta que les dije por teléfono que me iba a quejar a la Generalitat”, relata ella.

Finalmente, el director de la clí­nica les pidió excusas y hace un mes les envió una carta reconociendo que lo habí­an hecho mal. “Nos dijo que lo sentí­a, que tení­amos todo el derecho del mundo y que habí­a amonestado a la doctora”, cuenta Mar, a quien después del parto le han diagnosticado una fobia hospitalaria. “Sabí­a que tení­a razón, pero lo que para mí­ era casi un delito, los demás lo veí­an como una exageración”.

Luciano López-Marí­n, secretario de la Comisión de Docencia de la USP Instituto Universitario Dexeus, explica que en su centro no hay estudiantes, sólo residentes, y que un caso así­ es una excepción. “El método de rutina es que la consulta la pase un titular y, cuando hay residentes, se avisa”.

Asegura que, si hay una “situación de intimidad”, el titular acostumbra a desprenderse del ayudante, “por cortesí­a”. “Hay situaciones que no pueden considerarse de intimidad, como el parto, porque hay comadronas, y auxiliares. La intimidad es relativa, pero intentamos que sea en un ambiente tranquilo”, añade.

El Paí­s, 25-may-2003

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Mi Manual de Bioética

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies