El Dr. Paul McHugh, psiquiatra de 94 años y profesor distinguido de la Universidad Johns Hopkins, concedió una entrevista a EWTN News In Depth en la que repasó su larga carrera y sus argumentos contra las cirugías de reasignación de sexo en menores. Su caso ilustra cómo una posición científicamente controvertida durante décadas ha ido ganando respaldo institucional en los últimos años a escala internacional.
McHugh impulsó en 1979 el cierre de la Clínica de Identidad de Género de Johns Hopkins, después de que el seguimiento a pacientes operados mostrara que sus dificultades relacionales, laborales y familiares no mejoraban tras la intervención. Aquella decisión fue polémica en su tiempo, y su informe de 2016 en The New Atlantis —que cuestionaba la base científica de la orientación sexual como característica biológicamente fija— generó una respuesta crítica de parte de sus propios colegas del Hopkins.
En 1979 se manifestó «asombrado» sobre el avance del movimiento transgénero. A su juicio, el debate fue derivando desde los datos clínicos hacia las percepciones subjetivas del paciente, lo que consideraba un error histórico de la psiquiatría: «Imaginar las cosas en lugar de conocerlas.»
Respecto a los menores, señaló que entre el 85 % y el 90 % de los niños con disforia de género la abandonan de forma natural sin intervención médica, y advirtió sobre los riesgos de los tratamientos hormonales y quirúrgicos en la pubertad. También estableció un paralelismo entre la presión social hacia las cirugías en chicas jóvenes y los mecanismos psicológicos de la anorexia nerviosa.
El contexto científico e institucional ha cambiado notablemente, dando la razón a McHugh. En abril de 2024, la Dra. Hilary Cass, expresidenta del Colegio Real de Pediatras y Salud Infantil del Reino Unido, publicó el llamado Informe Cass, en el que encontró una «evidencia notablemente débil» para respaldar los tratamientos de género en niños. Como consecuencia, el Servicio Nacional de Salud de Inglaterra anunció que dejaría de prescribir bloqueadores de la pubertad a menores en las clínicas de identidad de género.
Otros países que han decidido paralizar o restringir estos tratamientos ante la falta de evidencias científicas sólidas sobre su eficacia son Alemania, Finlandia, Países Bajos, Noruega, Francia y Suecia. En mayo de 2025, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos publicó un informe de más de 400 páginas que recomienda priorizar las terapias exploratorias antes que el enfoque de afirmación inmediata, aludiendo a «la creciente preocupación internacional acerca de la transición médica pediátrica».
El Informe Cass dictaminó que la calidad de la evidencia que sustenta los bloqueadores de la pubertad y las hormonas cruzadas era extraordinariamente baja, y recomendó que las intervenciones hormonales para menores se limitaran estrictamente a protocolos de investigación o ensayos clínicos monitorizados. Este informe fracturó el consenso global, otorgando legitimidad científica a los escépticos del modelo predominante y marcando el inicio de un cambio regulatorio restrictivo en varios países.
El debate, no obstante, no está cerrado. La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) adoptó en febrero de 2024 una declaración que apoya el acceso continuado a la atención médica de afirmación de género para jóvenes, y cuestionó la falta de rigor metodológico del informe del HHS estadounidense. En España, el Gobierno desvinculó la Ley Trans de 2023 de los veredictos del Informe Cass, señalando que dicha ley no regula tratamientos médicos sino derechos e igualdad de trato.
En cuanto a las demandas judiciales, McHugh predijo durante años que serían los tribunales quienes pusieran freno a estas intervenciones en menores. En febrero de 2026 un jurado de Nueva York concedió dos millones de dólares a una mujer que se sometió a una doble mastectomía a los 16 años, en lo que se considera el primer fallo de este tipo en llegar a juicio en Estados Unidos. McHugh prevé que le seguirán muchos más casos con indemnizaciones más elevadas.






