El Sida y el caso de Uganda (F.J. Ramiro)

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Seamos hoy “polí­ticamente incorrectos”, pero, al menos, intentemos respetar la verdad de los datos, para que cada quien saque sus consecuencias. Lo polí­ticamente correcto cuando se habla de sida es empezar a repartir preservativos. A nivel municipal, regional, nacional e internacional, el reparto del condón parece ser la actividad más …

Seamos hoy “polí­ticamente incorrectos”, pero, al menos, intentemos respetar la verdad de los datos, para que cada quien saque sus consecuencias.

Lo polí­ticamente correcto cuando se habla de sida es empezar a repartir preservativos. A nivel municipal, regional, nacional e internacional, el reparto del condón parece ser la actividad más común de los que desean ayudar a que todos nos lo pasemos bien, y no tengamos ningún problema. Sin embargo las cifras de extensión del sida son estremecedoras: 43 millones estaban infectados el año pasado, y esta cifra no ha dejado de aumentar en los últimos años. Ante este dato algunos opinarán que lo que hay que hacer es repartir más preservativos, y dedicar más dinero a enseñar cómo se usan. Sin embargo las cifras de difusión del sida están ahí­ y la campaña de preservativos lleva ya bastante tiempo difundiéndose con abundantes recursos.

Por esto mismo llama la atención el caso de Uganda. Si tenemos en cuenta que  ífrica es un continente que está siendo diezmado por el Sida, tanto por los contagios, como por la falta de recursos para el tratamiento de los infectados, es significativo que  este paí­s africano esté consiguiendo parar la extensión del virus y empezar a recuperarse.

El informe 2003 de las Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud afirma que “ningún otro paí­s ha igualado este logro, al menos no a nivel nacional”, pero sin dar más detalles al respecto. En Uganda han pasado de tener un 15% de infectados en 1991 a un 5% en el 2001. El informe afirma que este descenso es “único en el mundo”.

¿Qué ha pasado en este paí­s? Existe un informe cientí­fico llevado a cabo por la Agencia Nacional para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos, que estudia el caso de este paí­s africano, y que se titula: “What Happened in Uganda?. Project lessons learned” (USAID, septiembre 2002) Este tí­tulo refleja la sorpresa ante la evolución del Sida en Uganda, y reconoce la factibilidad de que su estrategia sea seguida por otros paí­ses.

La lección ugandesa ha consistido en aplicar las tres recomendaciones que a nivel internacional se suelen indicar. En primer lugar se reconoce que el único camino seguro para evitar el contagio es la abstinencia -en el estudio se comprueba como se ha ido retrasando la edad de las relaciones sexuales-. En segundo lugar se deberí­a recomendar a la población que mantenga relaciones sexuales mutuamente monógamas con personas no infectadas; y solamente en tercer lugar advertir a la población que el preservativo puede reducir el riesgo de contagio pero nunca eliminarlo del todo.

Un aspecto importante que manifiestan los informes es que el uso del condón, aunque ha aumentado, no lo ha hecho de forma significativa respecto a paí­ses de su entorno. Sin embargo en esos paí­ses sí­ que ha aumentado la enfermedad, mientras que en Uganda está más controlada. Lo cual conduce directamente a considerar que el éxito de su planteamiento se debe principalmente a los dos primero factores.

En una reciente  participación de la Primera Dama de Uganda, Janet Museveni, en un  encuentro juvenil en Kampala, mandó un mensaje a los jóvenes: “Ustedes no necesitan sexo a su edad. Esperen a estar casados. Pueden optar por luchar contra el SIDA diciendo no, y siendo capaces de sobrevivir”.

Ciertamente este modo de enfocar la prevención contra el sida, supone un planteamiento más general del sentido de la sexualidad y de la relación de pareja. Pero en cualquier caso hay que decir que está alcanzado el objetivo de parar la epidemia.

Si no se quiere hacer este planteamiento, y se acude preferentemente al uso del preservativo, hay que decir la verdad, y reconocer que este es un método que reduce un 80 % (Base de datos Cochrane) el riesgo de contagio. No se trata, por tanto,  de un método que evite el contagio, sino que lo reduce. Pero, además, el riesgo real aumenta si con su distribución se crea la falsa expectativa de que no va a ocurrir nada, y se dejan de lado las precauciones necesarias. Un planteamiento lúdico de la sexualidad ““al menos en el terreno sanitario- puede producir graves consecuencias al evadir toda responsabilidad.

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