El progresivo envejecimiento de la población es ya un hecho constable tanto en España como en otros muchos países.
España, de hecho, es uno de los países con mayor esperanza y mejor calidad de vida, lo que conlleva como efecto negativo que posee una población muy envejecida con enfermedades crónicas y necesidades especiales en cuanto a servicios médicos y de cuidado.
Los datos estadísticos que se reproducen a continuación no engañan e indican que, por cada 100 menores de 16 años, ya hay 142 mayores de 64 años.
Fuente: El Periódico
Estos datos arrojan luz sobre una realidad que es necesario afrontar, dado que el envejecimiento de la población deriva en problemas de autonomía tanto física, como mental, de vulnerabilidad/fragilidad y de dependencia sanitaria y socioeconómica.
Actualmente, la lentitud con la que se gestionan las ayudas a la dependencia en España supone un problema mayúsculo para las familias, dado que el cuidado recae principalmente en mujeres, ya sean parejas o hijas de las personas dependientes. La falta de ayudas económicas y asistenciales genera situaciones de marcado estrés y desatención en familias con una elevada carga a nivel de cuidados y conciliación, derivando en lo que se denomina Bioprecariedad asistencial definida como la falta de acceso a cuidados, ya sea públicos o privados, en especial para los más vulnerables y frágiles, en particular, ancianos, personas con discapacidad, enfermos crónicos o situaciones de final de vida.
No en vano el tiempo medio de espera para recibir ayuda domiciliaria o económica es de 349 días, es decir, casi un año, con más de 280000 personas en lista de espera, sin contar el tiempo previo de gestión de la solicitud de ayuda a la dependencia y la visita del asistente social para determinar las medidas necesarias. Esto supone que muchas de estas personas fallecerán sin haber recibido ningún tipo de ayuda por parte del Estado.
Otras de las cuestiones delicadas asociadas con la edad son la soledad no deseada o aislamiento social que afecta al 20% de los mayores de 75 años y que la Organización Mundial de la Salud considera un problema de salud pública a nivel mundial y los prejuicios relativos al edadismo definido como “aquellos estereotipos, prejuicios y discriminación contra las personas por razón de su edad. Se manifiesta en el pensamiento (estereotipos), el sentimiento (prejuicios) y la acción (discriminación), afectando a personas de todas las edades, aunque afecta desproporcionadamente a las personas mayores y a los jóvenes”.
Para combatir los efectos de estos problemas, se ha propuesto el uso de la inteligencia artificial en el ámbito de la geriatría. De esta manera, emergen las denominadas Gerontotecnologías, que aluden al campo que integra la tecnología con los estudios del envejecimiento para desarrollar productos, servicios y sistemas que mejoren la calidad de vida y la autonomía de los ancianos. Se trata de una disciplina con fuerte potencial de crecimiento y con algunos “gadgets” muy útiles como los siguientes:
1) Medallas o pulseras que permiten contactar rápidamente con los servicios de urgencias cuando una persona mayor vive sola. Con tan solo pulsar un botón, es posible alertar de una caída, por ejemplo, a los servicios de urgencias. Resultan muy útiles, sobre todo, si la medalla está colgada al cuello del usuario y así es posible pulsarla en cualquier momento. Este servicio, normalmente ofertado por los servicios sociales de los ayuntamientos, también realiza llamadas telefónicas periódicas a los ancianos o a sus familiares para saber cómo se encuentran.
2) Mecanismos para registrar la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la temperatura o los patrones de sueño. Se trata de los dispositivos biométricos denominados “wearables”, porque el usuario los lleva consigo. Esta información se puede compartir con cuidadores o servicios de salud. De este modo, es posible realizar una monitorización continua de la salud para reducir las visitas presenciales al médico.
3) Sensores, luces o cerraduras inteligentes de uso doméstico. Ya existen sensores en el mercado que detectan el movimiento en una casa, o si se ha producido alguna caída. En este sentido, también son de gran ayuda las cámaras de vigilancia instaladas en el hogar que ayudan a monitorizar a personas vulnerables mientras su familiar o cuidador no se encuentra en casa.
4) Dispositivos que ayudan a personas con movilidad reducida o deterioro cognitivo, ya que sirven para encender la luz, la calefacción o el televisor tan solo con la voz. También existen dispositivos tales como alertas sonoras o pastilleros electrónicos que recuerdan al usuario que debe tomarse la medicación y andadores inteligentes que evitan obstáculos o que ayudan en el desplazamiento.
5) Apps, juegos o tecnologías de realidad virtual que proporcionan ejercicios mentales para evitar o reducir el deterioro cognitivo y mantener la mente activa. Se trata de la versión digital de las conocidas “sopas de letras”
de papel, muy utilizadas entre los ancianos.
6) En el caso de la soledad no deseada, también existen asistentes de voz que pueden mitigar los efectos de la soledad. Básicamente, sirven para entablar pequeñas conversaciones y también para monitorizar el bienestar emocional del usuario. La empresa Telefónica dispone de un asistente virtual que realiza llamadas a los usuarios y en función de las respuestas puede identificar si la persona necesita acompañamiento.
7) En un nivel más avanzado, cabe destacar la llegada de los denominados robots sociales que ayudan en el quehacer cotidiano de las personas y se les considera incluso “compañeros” de vida. Este tipo de robots ya se están utilizando con éxito en sociedades especialmente envejecidas como la japonesa, en la que incluso se ha creado un Ministerio de la Soledad para atender a las necesidades de los ancianos. En España, destacan proyectos como el de Clothilde del Instituto de Robótica e Informática Industrial (CSIC-UPC) que ha creado robots capaces de manipular prendas y de realizar tareas domésticas, como hacer camas en hospitales, recoger ropa usada o ayudar a vestirse a personas con movilidad reducida. De esta manera, los robots pueden convertirse también en cuidadores a tiempo completo.
8) Pulseras de actividad y localización GPS para localizar a personas con demencia que se desorientan al salir de casa sin compañía. De este modo, los cuidadores pueden localizarlas rápidamente.
Todos estos “gadgets” pueden servir para aligerar el día a día de las personas dependientes y de sus cuidadores, al tiempo que resultan más agradables que otras tareas digitales como las relacionadas con los trámites burocráticos (en servicios de salud, bancos, administración pública).
La reciente implantación de carpetas digitales en los servicios de sanidad pública ha sido un auténtico problema para las personas mayores, dado su poco contacto con el mundo digital. Esto ha generado una suerte de Bioprecariedad digital vinculada directamente con la “brecha digital” y entendida como la falta de acceso a internet y la falta de conocimientos sobre las herramientas digitales por problemas económicos, sociales, sanitarios o por supuesto, de edad.
La Bioprecariedad digital también puede afectar a aquellas familias que por cualquier motivo no puedan disponer de este tipo de dispositivos de inteligencia artificial por problemas de acceso o coste económico. Pero, sin duda, disponer de alguno de ellos puede paliar los efectos de la soledad no deseada en personas vulnerables y la conciliación familiar en los cuidadores, normalmente familiares que trabajan y tienen hijos.
Por otro lado, la mayor parte de ancianos en situación de dependencia no desean vivir en una residencia, que acaba siendo un lugar frío y con pocos vínculos afectivos, ni tener un cuidador las veinticuatro horas del día, por motivos económicos y personales, por motivos de independencia e intimidad.
La realidad es que el envejecimiento de la población y sus problemas derivados demandan soluciones extraordinarias como el uso de la inteligencia artificial en la geriatría. Sin duda, todos estos dispositivos pueden resultar de vital ayuda en caso de extrema vulnerabilidad y falta de cuidados “humanos”, pero también generan interrogantes éticos que deben responderse.
La carencia de vínculos afectivos humanos en la sociedad actual es cada vez más evidente, ya sea por la acelerada vida moderna o por la inmersión en el mundo digital.
En un mundo, en el que muchas personas mayores no pueden ni quieren someterse a la dictadura digital de las redes sociales y salud digital, sería más que deseable que la administración pusiera el freno en la gestión online de todos los trámites sanitarios (gestión de visitas, informes, citas de vacunación) para dar cabida a todos los miembros de la sociedad, y que ayudara asimismo a la obtención de cuidados a domicilio con la debida diligencia.
Hasta que el Estado de Bienestar no cumpla con sus prometidas ayudas a la dependencia no será posible plantearse el uso de las gerontotecnologías como sustitutivos del cuidado humano. Cabe esperar que España no se vea obligada a crear también un Ministerio de la Soledad por su incapacidad de gestionar con premura y eficiencia no solo la dependencia, sino lo que es más importante y eminentemente humano: el cuidado.
Publicada por Sonia Jimeno | 19 de diciembre de 2025 | Gerontotecnologías










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