Los medios de comunicación y la verdad en cuestiones de Bioética

  ROMA, (ZENIT.org).- El primer curso de Bioética para obispos, organizado por la Conferencia Episcopal Italiana, ha concluido proponiendo una labor de «contrainformación» en esta materia.La propuesta, planteada por prestigiosos médicos, cientí­ficos, genetistas y moralistas, que han dirigido el curso, pretende desmontar los «dogmas» cientí­ficos propugnados por empresas y organizaciones multinacionales …

 


ROMA, (ZENIT.org).- El primer curso de Bioética para obispos, organizado por la Conferencia Episcopal Italiana, ha concluido proponiendo una labor de «contrainformación» en esta materia.

La propuesta, planteada por prestigiosos médicos, cientí­ficos, genetistas y moralistas, que han dirigido el curso, pretende desmontar los «dogmas» cientí­ficos propugnados por empresas y organizaciones multinacionales que promueven la contracepción, el aborto, y la esterilización en todo el mundo.

En el curso de Bioética, que con la presencia de cien obispos «alumnos» se celebró del 14 al 16 de noviembre en la localidad de Sacrofano, a las afueras de Roma, se ilustraron muchas noticias que la cultura dominante tiende a ocultar.

Por ejemplo, Angelo Serra, pionero mundial de genética humana y catedrático emérito de la Universidad Católica de Roma, reveló que, según una investigación realizada en los centros de fecundación artificial de todo el mundo, en las fecundaciones in vitro se dan entre el 18 y el 25% de abortos espontáneos, el 27% de embarazos múltiples, el 29,3% de partos prematuros, y el 36% de nacidos con bajo peso.

Con estos datos en la mano, expuso los testimonios de un cientí­fico y una escritora franceses.

El primero es Jacques Testart, investigador en el campo de la procreación asistida, quien en 1987 afirmaba: «he decidido acabar con esta loca carrera a la explotación cientí­fica. Cientí­ficos de todo el mundo deteneos y reflexionad».

La segunda, Dominique Grange, autora de un libro sobre el argumento, afirma: «La mujer es reducida a ser una máquina de superovulación. Nos quitan primero el sexo, luego el corazón y al final la mente. La pareja acaba destruida».

Los obispos salen de este curso con la convicción de que hay que actuar con mayor decisión. «Ante un desafí­o como éste –dice monseñor Luigi Martella, obispo de Molfetta, que ha participado como alumno–, la Iglesia no puede permanecer en la retaguardia. Es necesario comunicar adecuadamente nuestras razones, tanto en la relación con el mundo cientí­fico como con los laicos».

El obispo de Cerreto Sannita, Michele De Rosa afirma: «Tenemos que estar presentes en los lugares del debate y de la divulgación cientí­fica. Personalmente, cuando en la diócesis se realizan congresos médicos, siempre voy».

En Roma, monseñor Armando Brambilla, obispo auxiliar encargado de la pastoral sanitaria, tras el curso ha lanzado la iniciativa de entablar contactos con los médicos de base.

«A menudo nos olvidamos de esta red capilar de buenos agentes sanitarios que puede ser de gran ayuda a las familias en dificultad», explica.

El arzobispo de Bari, monseñor Francesco Cacucci, afirma por su parte que «hay que advertir a las parejas y sobre todo a las mujeres de los riesgos que pueden encontrar sometiéndose a ciertas practicas. Riesgos económicos, pero sobre todo psicológicos».

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