En el debate actual sobre la gestación por sustitución, las palabras no son inocuas. Términos como «gestante», «portadora» o «donante» se han vuelto omnipresentes, pero ¿qué impacto tiene este lenguaje en nuestra comprensión de la maternidad y en el bienestar de los niños? Un reciente artículo de Karleen D. Grible (2026), Motherhood, the “blank slate,” and the language of surrogacy publicado en Frontiers in Global Women’s Health analiza cómo esta terminología busca, de manera deliberada, desvincular a la mujer del niño que da a luz, ignorando realidades biológicas y psicológicas fundamentales(1).
El lenguaje como herramienta de desvinculación
El estudio señala que el uso de términos técnicos como «portadora gestacional» en lugar de «madre» no es casual. Esta elección lingüística es promovida por agencias y clínicas para facilitar el proceso comercial y emocional, permitiendo que tanto la mujer como los padres de intención se distancien de la relación materno-filial. Incluso se llega al extremo de usar metáforas deshumanizantes, donde la mujer se describe a sí misma como un «horno», una «niñera» o una «anfitriona»(2).
El mito de la «Tábula Rasa»
Históricamente, la subrogación se ha apoyado en la idea de la «tábula rasa» o página en blanco: la creencia de que un bebé nace sin características innatas y que su identidad será moldeada exclusivamente por quienes lo críen. Sin embargo, la evidencia actual desmiente esta noción.
- Vínculo sensorial: Los recién nacidos reconocen y prefieren la voz y el olor de la mujer que los gestó, incluso si no comparten carga genética (3) (4).
- Microquimerismo: Durante el embarazo, existe un intercambio real de células y ADN entre la mujer y el feto que persiste en ambos cuerpos durante décadas(5). Este vínculo genético menor ocurre independientemente de si el óvulo es de la gestante o de una donante (6)
- Epigenética: El entorno uterino influye directamente en la expresión genética del niño, afectando su salud a largo plazo.
Ignorar estos hechos equivale a tratar a la mujer como una simple «incubadora», ignorando la profunda simbiosis biológica que ocurre durante los nueve meses de gestación(7).
Lecciones de la adopción y el derecho a la identidad
El artículo de Gribble establece un paralelismo que considera importante entre la historia de la adopción y la donación de gametos. Durante años, el secreto y el anonimato fueron la norma, asumiendo que el niño no necesitaría saber sobre sus orígenes. Hoy sabemos que la negación de estas raíces biológicas puede causar un profundo malestar identitario en la edad adulta(8).
Curiosamente, los propios niños nacidos por subrogación suelen buscar términos que reconozcan esta realidad, utilizando expresiones como «mamá de nacimiento» o «mamá biológica», a pesar de que sus padres o el entorno legal intenten evitar la palabra «madre».
Hacia un reconocimiento de la «multiplicidad de madres»
Curiosamente, los propios niños nacidos por subrogación suelen buscar términos que reconozcan esta realidad, utilizando expresiones como «mamá de nacimiento» o «mamá biológica», a pesar de que sus padres o el entorno legal intenten evitar la palabra «madre» (9)
La conclusión para la autora es clara: el bienestar del niño exige honestidad. En lugar de borrar la figura de la mujer que gesta a través del lenguaje, el artículo propone reconocer la multiplicidad de madres (genética, gestacional y de crianza)(10) .
Negar el estatus de madre a quien da a luz no solo es una imprecisión biológica, sino que puede cargar a los niños con las inseguridades de los adultos, dificultando su derecho a conocer y comprender sus propios orígenes (11).
Conclusiones
La autora lleva a cabo una labor fundamental al evidenciar la necesidad de clarificar el lenguaje en el ámbito de la gestación subrogada. Con ello, hace frente a las narrativas manipuladoras empleadas por las clínicas y por diversos actores implicados en esta práctica.
Sin embargo, cabe preguntarse: ¿basta un lenguaje preciso para resolver los conflictos éticos y humanos que surgen de tales comportamientos?
Al respecto, reconoce la autora:
“Cuando los padres que se ocupan del cuidado de los niños se sienten cómodos hablando de estas otras madres, es más probable que los niños también sean capaces de hacerlo. Una madre que recurrió a la gestación subrogada habló de «las otras madres de mi hijo» y, por ello, su hijo no tuvo ninguna dificultad en decir: «Tengo tres mamás: la donante de óvulos, la que me llevó en su vientre y tú, mami» (12). Por supuesto, también es importante que las mujeres que gestan y dan a luz en acuerdos de gestación subrogada o que aportan ovocitos sean conscientes de que, aunque ellas no se consideren madres, puede que los niños no las perciban así. Se debe asesorar a todas las mujeres que contribuyen al nacimiento de un niño mediante gestación subrogada para que comprendan que es muy posible que los niños las vean como madres.”
Ante este escenario, surge un dilema crucial: ¿necesitan los niños reconocer una multiplicidad de madres —fruto de los deseos de los adultos— para alcanzar la estabilidad psicológica, o es más importante para su desarrollo contar con una sola madre que lo sea de forma plena e integral?
Parece olvidarse el origen de todos los conflictos que se intentan subsanar: el hecho de gestar a un ser humano con el único fin de satisfacer los deseos de terceros. En este enfoque se omiten tanto los derechos del futuro menor como la realidad profunda de lo que la maternidad implica para una mujer.
Antes de buscar soluciones cosméticas a los problemas que provocan las técnicas de reproducción asistida y la contratación de una mujer para utilizar su cuerpo, el verdadero planteamiento ético exigiría no iniciar procesos que, lejos de ser inocuos, resultan intrínsecamente problemáticos.
Por todo ello, la respuesta definitiva ante esta realidad no puede ser la regulación, sino la abolición. En este sentido, resulta imprescindible respaldar los principios de la Declaración de Casablanca, un manifiesto internacional que urge a los Estados a comprometerse formalmente mediante un tratado global para prohibir la gestación por sustitución en todas sus modalidades.
En esta misma línea se encuentra la Coalición Internacional por la Abolición de la Maternidad Subrogada
Solo a través de un marco jurídico internacional que persiga penalmente a los intermediarios y anule estos contratos se podrá garantizar la dignidad intrínseca de las mujeres y proteger eficazmente los derechos de los niños frente a la mercantilización de la vida humana.
(1) Diane Beeson, Marcy Darnovsky, Abby Lippman. What’s in a name? Variations in terminology of third-party reproduction. Reprod Biomed Soc Online. (2015) 31(6):805–14. 10.1016/j.rbmo.2015.09.004
(2) ZiffE. (2017). “The mommy deployment”: military spouses and surrogacy in the United States. Sociological Forum. 32(2), 406–25. 10.1111/socf.12336
(3) Kisilevsky BS, Hains SM, Lee K, Xie X, Huang H, Ye HH, et al. Effects of experience on fetal voice recognition. Psychol Sci. (2003) 14(3):220–4. 10.1111/1467-9280.02435
(4) LeeGYKisilevskyBS. Fetuses respond to father’s voice but prefer mother’s voice after birth. Dev Psychobiol. (2014) 56(1):1–11. 10.1002/dev.21084
(5) Boddy AM, Fortunato A, Wilson Sayres M, Aktipis A. Fetal microchimerism and maternal health: a review and evolutionary analysis of cooperation and conflict beyond the womb. Bioessays. 2015 Oct;37(10):1106-18. doi: 10.1002/bies.201500059. Epub 2015 Aug 28. PMID: 26316378; PMCID: PMC4712643.
(6) Saito S, Nakabayashi Y, Nakashima A, Shima T, Yoshino O. A new era in reproductive medicine: consequences of third-party oocyte donation for maternal and fetal health. Semin Immunopathol. 2016 Nov;38(6):687-697. doi: 10.1007/s00281-016-0577-x. Epub 2016 Jun 20. PMID: 27324236.)
(7) Duschinsky R. Tabula Rasa and Human Nature. Philosophy. 2012;87(4):509-529. doi:10.1017/S0031819112000393
(8) Allan S. Donor conception, secrecy and the search for information. J Law Med. 2012 Jun;19(4):631-50. PMID: 22908608.
(9) Nicola Carone, Roberto Baiocco, Demetria Manzi, Chiara Antoniucci, Victoria Caricato, Eugenio Pagliarulo, Vittorio Lingiardi, Surrogacy families headed by gay men: relationships with surrogates and egg donors, fathers’ decisions over disclosure and children’s views on their surrogacy origins, Human Reproduction, Volume 33, Issue 2, February 2018, Pages 248–257, https://doi.org/10.1093/humrep/dex362
(10) Mariana Herrera Piñero, Sebastian Biagini, Federico Picado, Andrea Constanza Mayordomo, Addresing complex kinship and incidental findings in MPI/DVI databases Using SNPs Panels to Strengthen Casework Reporting, Forensic Science International: Genetics, 10.1016/j.fsigen.2026.103511, 84, (103511), (2026).
(11) Provoost, V., Bernaerdt, J., Van Parys, H., Buysse, A., De Sutter, P., & Pennings, G. (2018). ‘No daddy’, ‘A kind of daddy’: words used by donor conceived children and (aspiring) parents to refer to the sperm donor. Culture, Health & Sexuality, 20(4), 381–396. https://doi.org/10.1080/13691058.2017.1349180
(12) Jociles Rubio, M. I., Rivas, A. M., & Álvarez, C. (2018). Strategies to Personalize and to Depersonalize Donors When Telling about Genetic/Gestational Origins. Suomen Antropologi: Journal of the Finnish Anthropological Society, 42(4), 25-50. https://doi.org/10.30676/jfas.v42i4.68790
Artículo original: hoMotherhood, the “blank slate,” and language …






